Guías
La pregunta no es qué póliza comprar. Es cuánto dinero necesitaría tu familia para sostenerse si tu ingreso desapareciera mañana. Suma la renta o la hipoteca, la comida, los servicios, el transporte y las deudas mensuales. Multiplícalo por los meses que tardarían en reorganizarse. Ese número es el punto de partida de todo lo demás.
Es mucho más probable que te quedes sin trabajar tres meses por una lesión que un evento catastrófico. Por eso el fondo de emergencia va antes que casi todo, y por eso una cobertura de accidente o de hospital suele rendir más al principio que una póliza grande que no puedas sostener.
Una póliza que cancelas a los dos años por no poder pagarla no protegió a nadie y costó dinero. Antes de comprometerte con una prima, revisa si la podrías seguir pagando en un mes malo, no en un mes bueno.
El beneficiario de una póliza es quien recibe el dinero, sin importar lo que diga un testamento. Si te casaste, te separaste o tuviste hijos desde que firmaste, eso hay que actualizarlo.
Cuenta de banco aparte para el negocio, desde el primer dólar. Mezclar el dinero personal con el del negocio es lo que después convierte la declaración de impuestos en una pesadilla y hace perder deducciones legítimas por no poder demostrarlas.
Recibos, facturas, millas del carro, compras de herramientas. Lo que no se registra durante el año no se deduce en abril. Una foto del recibo en una carpeta del teléfono vale más que la mejor memoria.
Cuando trabajas para alguien, el empleador paga la mitad de Seguro Social y Medicare. Cuando trabajas por tu cuenta, pagas las dos mitades, y eso es alrededor de quince por ciento de la ganancia neta, además del impuesto sobre la renta. Es la sorpresa más común del primer año.
Si esperas deber mil dólares o más al presentar, el IRS espera pagos estimados durante el año. Apartar un porcentaje de cada cobro, en una cuenta separada, evita el golpe de abril y las multas por no haber pagado a tiempo.
Nadie puede arreglar un presupuesto que no conoce. Un mes entero anotando todo lo que sale, sin cambiar nada, revela más que cualquier consejo. Casi siempre aparecen dos o tres gastos que nadie recordaba tener.
Lo fijo es renta, carro, seguros, teléfono: cambia poco y se negocia una vez al año. Lo variable es comida, gasolina, compras: cambia todas las semanas y es donde se gana o se pierde el mes.
Sin un fondo disponible, la primera emergencia devuelve la deuda a la tarjeta de crédito y anula el esfuerzo anterior. Un fondo pequeño, aunque sea de quinientos o mil dólares, rompe ese ciclo antes de atacar las deudas en serio.
Si trabajas por cuenta propia o tu ingreso varía mucho, apunta más cerca de seis meses. Si tienes un sueldo estable y pareja que también trabaja, tres puede bastar.
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